domingo, 23 de noviembre de 2008

Vivir de cubos de basura - C.Bukowsky

Gran poeta el que me hizo conocer un amigo.


El viento sopla fuerte esta noche
Y es viento frío
Y pienso en los chicos
De la calle.
Espero que algunos tengan
Una botella de tinto.

Cuando estás en la calle
Es cuando te das cuenta de que
Todo
Tiene dueño
Y de que hay cerrojos en
Todo.
Así es como funciona la democracia:
Coges lo que puedes,
Intentas conservarlo
Y añadir algo
Si es posible.

Así es también como funciona
La dictadura
Sólo que una esclaviza
Y la otra destruye a sus
Desheredados.

Nosotros simplemente nos olvidamos
De los nuestros.

En cualquier caso
Es un viento
Fuerte
Y frío.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Mi perro - T.Lilli


Mi perro es como un humano
pero con una virtud
que marca la diferencia.
Que es perro y no humano

viernes, 21 de noviembre de 2008

Estencil - T.Lilli





Remera cualquier talle y color de $15 a $20

Murales y Graffitis - F.Traverso

espectacular...
abajo hay info. sobre el trabajo del artista plastico Fernando Traverso.





350, intervencion urbana


Escuela provincial de danzas y Artes "Nigelia Soria"

Escrache a Liliana Isidori de Amelong, Fisherton, rosario

Entrada del teatro, espacio del grupo "libertablas". Camilo aldao Pvcia. de Cordoba

Escrache en la sede rosarina de Sobisch, governador de neuquen

La Carta

En octubre de 2006, comence a trabajar en una nueva propuesta: pintar "sobres" de color blanco tamaño carta en diferentes pisos,
utilizando la técnica del esténcil y aerosol.
Esta pequeña imagen ha empezado a aparecer por distintos lugares:
En el umbral de la puerta de amigos;
En el asfalto, cerca de una carpa de desocupados;
Frente a la casa de un torturador;
En la playa de una estación de servicio abandonada;
Frente al viejo cine abandonado en Camilo Aldao provincia de Córdoba;
En las casas de mis amigos exiliados en Europa;
Frente a las rejas del Fuerte de San Cristóbal de Pamplona;
En la puerta de la CGT de los Anarquistas de Madrid;
Frente a las casas del Barrio de Inmigrantes “Prosfigika” de Atenas;
En la ronda de las Madres, en la Plaza 25 de Mayo de Rosario;
Frente al Centro Clandestino de Desaparición y Tortura “El Pozo” de Rosario;
En diferentes marchas populares…


350, intervención urbana

Las “bicis” pasaron por diversas técnicas, desde pintadas con acrílico sobre una tela, o serigrafiadas sobre PVC transparente, hasta colocadas en forma real. También pasaron por distintos soportes, éstos cada vez más espaciales.
Fue un proceso, un recorrido. Desmaterializar el objeto. La necesidad de no tener mas soportes “prefabricados”, me llevó a mirar la calle como tal.
Había resuelto colocar, por las paredes de la ciudad, siluetas de bicicletas vacías que parecieran reales. Para ello necesitaba, en primer lugar, un gran esténcil. No fue tarea fácil resolverlo. Tenía que ser liviano, transportable y además preciso en sus dimensiones y en la representación del objeto que quería estampar.
Elegí el 24 de marzo de 2001 para dejar estampada la primera bicicleta en una de las paredes de mi ciudad.
Recuerdo que para ese entonces también hicimos una intervención con el grupo En Trámite, en la plaza San Martín de Rosario, frente a lo que fuera un centro clandestino de detención y tortura.
Esa noche, de madrugada, salí con el molde y el aerosol en la mano. Había visto una pared propicia. Quería hacer la “prueba de artista”. Tenía mucha necesidad de ver el resultado.
Recuerdo que las primeras bicicletas las realicé caminando, eligiendo paredones cerca de mi casa. Las realizaba de noche, muy tarde. De regreso, a veces, debía apurarme porque amanecía, y las calles comenzaban a poblarse.
Otra opción fue la de salir los domingos por la mañana, bien temprano. Al principio lo hice con Rafael, un amigo, que conocí durante mis años de exilio, en la ciudad de Saladas, provincia de Corrientes. Me llevaba en su auto para poder estamparlas en lugares muy alejados.
Varios amigos me ayudaron a movilizarme por los barrios periféricos. Recuerdo a Diego, Sergio, Cristian, Marita y Ana, mi sobrina. Con unos realizaba la zona sur, con otros la céntrica; cada uno tenía su preferencia para llevarme a determinados lugares, a lo cual accedía porque me contagiaban su entusiasmo.

La salida con Marita, mi compañera de militancia allá por los años setenta y más tarde mi compañera de grupo, la hicimos un domingo muy temprano. Recuerdo que, cerca del mediodía, después de hacer varias, elegimos un edificio ubicado en la intersección de las calles San Martín y Urquiza. Pensé que había sido una elección al azar. Pero no fue así, ya que luego de haber estampado la bici, ella me dijo que su compañero había salido de ese lugar y no lo había vuelto a ver más.
Ahora, cuando paso por esa esquina, es inevitable ver las dos ausencias, la de Oscar y la de esa bicicleta, que ya taparon.

Más tarde tuve que hacer otro esténcil, un poco más cómodo para su traslado. Resolví dividirlo en tres partes en vez de dos. Usé en este caso, para que fuera más liviano, varillas de madera delgadas para la construcción del marco. Recuerdo que lo llevaba como un bolso, colgando del hombro con una correa. Probé transportarlo en mi bici y funcionó. A cualquier hora salía de “pintada”.
De cada una de las bicis tengo un registro fotográfico que fui tomando luego de estamparlas. Durante mis salidas diurnas, no había problemas, llevaba mi camarita colgando del cuello, estilo turista; pero cuando lo hacía de noche, regresaba al día siguiente para sacarles una fotografía.
Recuerdo que era fantástico salir a buscarlas.
A casi tres años de la primera, la última quise realizarla cerca de donde vivía “El Cachilo”. (Caído en el allanamiento del edificio de Bv. Oroño entre Córdoba y Rioja, en diciembre de 1976). Recuerdo que siempre andaba en la bicicleta de su tío. Era una de esas inglesas de color negro, con frenos a varilla y el asiento de cuero. Ya era una reliquia para aquel entonces.
Diego, por ese entonces estaba realizando un documental sobre éste trabajo y siempre me decía que a la última “pintada”, deseaba darle un marco especial y que filmaría la acción, mientras la estuviera realizando.
Fue así que, para ésta ocasión, el 13 de abril de 2004, se armó un set de filmación, donde no faltó nada. Cuidaron la iluminación, porque la cuadra era muy oscura. Se valieron de un carro especial para tomar imágenes en movimiento. Usaron una cámara de 16 mm. y también una digital.
Hacía calor y todos los vecinos estaban observando la escena y algunos hasta sacaron las sillas a la vereda. Esto nos llevó muchas horas de trabajo, creando gran expectativa. Mientras tanto, Federico, era el encargado de hacer “fotofija”.
Hoy tengo más de diez álbumes de fotografías, que registran toda ésta acción. Con un poco de nostalgia a veces, reviso las imágenes y entonces es inevitable que me remonte a los distintos momentos. De cada una de ellas podría contar una historia, como por ejemplo, la que quedó a medio hacer en la ex jefatura de policía, debido a que un oficial me detuvo al descubrirme. En otra oportunidad, un joven que venía de trabajar me llevó en su auto para que le pintara una en la pared de su casa; cargamos las dos bicicletas, la real en el baúl del coche y la otra, la del esténcil, en el asiento trasero y partimos. El dialogo que se generó durante el viaje fue maravilloso. Al llegar, la hicimos en silencio, pues quería darle la sorpresa a su mujer cuando se levantara a la mañana. O sino cuando salía en las noches de invierno, muy abrigado, con mi gorro de lana y cuellera, y veces, a la madrugada, me encontraba con los chicos que salían de los boliches que pedían que me sacara el abrigo de la cara, porque querían conocerme.
En la actualidad, después de cinco años de ese 24 de marzo de 2001 en que pinté la primera, todas las mañanas, al ir a mi trabajo en bicicleta me cruzo con otros ciclistas y a su vez con esas otras estampadas en las paredes. Estoy seguro que algunos, después de verlas ahí, tan solas y desamparadas, siguen viaje armando una poesía en su cabeza.

Fernando Traverso



Fuente: http://www.fernandotraverso.com/

domingo, 16 de noviembre de 2008

sábado, 15 de noviembre de 2008

está para el otro lado... - T.Lilli


Hey, escuchen...
la felicidad esta para el otro lado...
¿que buscan?
¿que el caparazon salga del caracol?

viernes, 7 de noviembre de 2008

El pez fabrica - T.Lilli


(hacer click para agrandar la imagen)

Una botella de plástico
Nada en el río

Un pez vuela a la fábrica,
Se le hace tarde

Y el jefe le va a descontar
Los diez minutos del sueldo mensual.

La botella no tiene apuro;
Tarda una eternidad en desintegrarse.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Cuentos para tahúres - R.Walsh


Salió no más el 10 un 4 y un 6cuando ya nadie lo creía. A mí qué me importaba, hacía rato que me habían dejado seco. Pero hubo un murmullo feo entre los jugadores acodados a la mesa del billar y los mirones que formaban rueda. Renato Flores palideció y se pasó el pañuelo a cuadros por la frente húmeda. Después juntó con pesado movimiento los billetes de la apuesta, los alisó uno a uno y, doblándolos en cuatro, a lo largo, los fue metiendo entre los dedos de la mano izquierda, donde quedaron como otra mano rugosa y sucia entrelazada perpendicularmente a la suya. Con estudiada lentitud puso los dados en el cubilete y empezó a sacudirlos. Un doble pliegue vertical le partía el entrecejo oscuro. Parecía barajar un problema que se le hacía cada vez más difícil. Por fin se encogió de hombros.
Lo que quieran...dijo.
Ya nadie se acordaba del tachito de la coima. Jiménez, el del negocio, presenciaba desde lejos sin animarse a recordarlo. Jesús Pereyra se levantó y echó sobre la mesa, sin contarlo, un montón de plata.
La suerte es la suerte dijo con una lucecita asesina en la mirada. Habrá que irse a dormir.
Yo soy hombre tranquilo; en cuanto oí aquello, gané el rincón más cercano a la puerta. Pero Flores bajó la vista y se hizo el desentendido.
Hay que saber perder dijo Zúñiga sentenciosamente, poniendo un billetito de cinco en la mesa. Y añadió con retintín: Total, venimos a divertirnos.
- ¡Siete pases seguidos! -comentó, admirado, uno de los de afuera.
Flores lo midió de arriba abajo.
¡Vos, siempre rezando!dijo con desprecio.
Después he tratado de recordar el lugar que ocupaba cada uno antes de que empezara el alboroto. Flores estaba lejos de la puerta, contra la pared del fondo. A la izquierda, por donde venía la ronda, tenía a Zúñiga. Al frente, separado de él por el ancho de la mesa del billar, estaba Pereyra. Cuando Pereyra se levantó dos o tres más hicieron lo mismo. Yo me figuré que sería por el interés del juego, pero después vi que Pereyra tenía la vista clavada en las manos de Flores. Los demás miraban el paño verde donde iban a caer los dados, pero él sólo miraba las manos de Flores.
El montoncito de las apuestas fue creciendo: había billetes de todos tamaños y hasta algunas monedas que puso uno de los de afuera. Flores parecía vacilar. Por fin largó los dados. Pereyra no los miraba. Tenía siempre los ojos en las manos de Flores.
-El cuatro -cantó alguno.
En aquel momento, no sé por qué, recordé los pases que había echado Flores: el 4, el 8, el 10, el 9, el 8, el 6, el 10... Y ahora buscaba otra vez el 4.
El sótano estaba lleno del humo de los cigarrillos. Flores le pidió a Jiménez que le trajera un café, y el otro se marchó rezongando. Zúñiga sonreía maliciosamente mirando la cara de rabia de Pereyra. Pegado a la pared, un borracho despertaba de tanto en tanto y decía con voz pastosa:
¡Voy diez a la contra! Después se volvía a quedar dormido.
Los dados sonaban en el cubilete y rodaban sobre la mesa. Ocho pares de ojos rodaban tras ellos. Por fin alguien exclamó:
¡El cuatro!
En aquel momento agaché la cabeza para encender un cigarrillo. Encima de la mesa había una lamparita eléctrica, con una pantalla verde. Yo no vi el brazo que la hizo añicos. El sótano quedó a oscuras. Después se oyó el balazo.
Yo me hice chiquito en mi rincón y pensé para mis adentros: "Pobre Flores, era demasiada suerte". Sentí que algo venía rodando y me tocaba en la mano. Era un dado. Tanteando en la oscuridad, encontré el compañero.
En medio del desbande, alguien se acordó de los tubos fluorescentes del techo. Pero cuando los encendieron, no era Flores el muerto. Renato Flores seguía parado con el cubilete en la mano, en la misma posición de antes. A su izquierda, doblado en su silla, Ismael Zúñiga tenía un balazo en el pecho.
"Le erraron a Flores", pensé en el primer momento, "y le pegaron al otro. No hay nada que hacerle, esta noche está de suerte."
Entre varios alzaron a Zúñiga y lo tendieron sobre tres sillas puestas en hilera. Jiménez (que había bajado con el café) no quiso que lo pusieran sobre la mesa de billar para que no le mancharan el paño. De todas maneras ya no había nada que hacer.
Me acerqué a la mesa y vi que los dados marcaban el 7. Entre ellos había un revólver 48.
Como quien no quiere la cosa, agarré para el lado de la puerta y subí despacio la escalera. Cuando salí a la calle había muchos curiosos y un milico que doblaba corriendo la esquina.

Aquella misma noche me acordé de los dados, que llevaba en el bolsillo¡lo que es ser distraído!, y me puse a jugar solo, por puro gusto. Estuve media hora sin sacar un 7. Los miré bien y vi que faltaban unos números y sobraban otros. Uno de los "chivos" tenia el 8, el 4 y el 5 repetidos en caras contrarias. El otro, el 5, el 6 y el 1. Con aquellos dados no se podía perder. No se podía perder en el primer tiro, porque no se podía formar el 2, el 3 y el 12, que en la primera mano son perdedores. Y no se podía perder en los demás porque no se podía sacar el 7, que es el número perdedor después de la primera mano. Recordé que Flores había echado siete pases seguidos, y casi todos con números difíciles: el 4, el 8, el 10, el 9, el 8, el 6, el 10... Y a lo último había sacado otra vez el 4. Ni una sola clavada. Ni una barraca. En cuarenta o cincuenta veces que habría tirado los dados no había sacado un solo 7, que es el número más salidor.
Y, sin embargo, cuando yo me fui, los dados de la mesa formaban el 7, en vez del 4, que era el último número que había sacado. Todavía lo estoy viendo, clarito: un 6 y un 1.
Al día siguiente extravié los dados y me establecí en otro barrio. Si me buscaron, no sé; por un tiempo no supe nada más del asunto. Una tarde me enteré por los diarios que Pereyra había confesado. Al parecer, se había dado cuenta de que Flores hacía trampa. Pereyra iba perdiendo mucho, porque acostumbraba jugar fuerte, y todo el mundo sabía que era mal perdedor. En aquella racha de Flores se le habían ido más de tres mil pesos. Apagó la luz de un manotazo. En la oscuridad erró el tiro, y en vez de matar a Flores mató a Zúñiga. Eso era lo que yo también había pensado en el primer momento.
Pero después tuvieron que soltarlo. Le dijo al juez que lo habían hecho confesar a la fuerza. Quedaban muchos puntos oscuros. Es fácil errar un tiro en la oscuridad, pero Flores estaba frente a él, mientras que Zúñiga estaba a un costado, y la distancia no habrá sido mayor de un metro. Un detalle lo favoreció: los vidrios rotos de la lamparita eléctrica del sótano estaban detrás de él. Si hubiera sido él quien dio el manotazo dijeronlos vidrios habrían caído del otro lado de la mesa de billar, donde estaban Flores y Zúñiga.
El asunto quedó sin aclarar. Nadie vio al que pegó el manotazo a la lámpara, porque estaban todos inclinados sobre los dados. Y si alguien lo vio, no dijo nada. Yo, que podía haberlo visto, en aquel momento agaché la cabeza para encender un cigarrillo, que no llegué a encender. No se encontraron huellas en el revólver, ni se pudo averiguar quién era el dueño. Cualquiera de los que estaban alrededor de la mesay eran ocho o nuevepudo pegarle el tiro a Zúñiga.
Yo no sé quién habrá sido el que lo mató. Quien más quien menos tenía alguna cuenta que cobrarle. Pero si yo quisiera jugarle sucio a alguien en una mesa de pase inglés, me sentaría a su izquierda, y al perder yo, cambiaría los dados legítimos por un par de aquellos que encontré en el suelo, los metería en el cubilete y se los pasaría al candidato. El hombre ganaría una vez y se pondría contento. Ganaría dos veces, tres veces... y seguiría ganando. Por difícil que fuera el número que sacara de entrada, lo repetiría siempre antes de que saliera el 7. Si lo dejaran, ganaría toda la noche, porque con esos dados no se puede perder.
Claro que yo no esperaría a ver el resultado. Me iría a dormir, y al día siguiente me enteraría por los diarios. ¡Vaya usted a echar diez o quince pases en semejante compañía! Es bueno tener un poco de suerte; tener demasiada no conviene, y ayudar a la suerte es peligroso. . .
Sí, yo creo que fue Flores no más el que lo mató a Zúñiga. Y en cierto modo lo mató en defensa propia. Lo mató para que Pereyra o cualquiera de los otros no lo mataran a él. Zúñigapor algún antiguo rencor, tal vezle había puesto los dados falsos en el cubilete, lo había condenado a ganar toda la noche, a hacer trampa sin saberlo, lo había condenado a que lo mataran, o a dar una explicación humillante en la que nadie creería.
Flores tardó en darse cuenta; al principio creyó que era pura suerte; después se intranquilizó; y cuando comprendió la treta de Zúñiga, cuando vio que Pereyra se paraba y no le quitaba la vista de las manos, para ver si volvía a cambiar los dados, comprendió que no le quedaba más que un camino. Para sacarse a Jiménez de encima, le pidió que le trajera un café. Esperó el momento. El momento era cuando volviera a salir el 4, como fatalmente tenía que salir, y cuando todos se inclinaran instintivamente sobre los dados.
Entonces rompió la bombita eléctrica con un golpe del cubilete, sacó el revólver con aquel pañuelo a cuadros y le pegó el tiro a Zúñiga. Dejó el revólver en la mesa, recobró los "chivos" y los tiró al suelo. No había tiempo para más. No le convenía que se comprobara que había estado haciendo trampa, aunque fuera sin saberlo. Después metió la mano en el bolsillo de Zúñiga, le buscó los dados legítimos, que el otro había sacado del cubilete, y cuando ya empezaban a parpadear los tubos fluorescentes, los tiró sobre la mesa.
Y esta vez sí echó clavada, un 7 grande como una casa, que es el número más salidor...

clinica de cajon flamenco en la escuela provincial de musica 30/10

CAJON FLAMENCO: Maximiliano Gou

Guitarra Española: Alejandro Gulisano
Rodolfo Rubio: Saxo
Kimey gomez: Saxo
Nicolas cassale: Bajo electrico
Chalten gomez: bateria
yo: guitarra electrica

jazz en el club remeros 28/10